Un domingo de los de antes


 El Barcelona verificó su retorno en idóneas circunstancias


Hace no mucho tiempo, en Twitter se viralizó una tendencia de traer de vuelta recuerdos de tiempos no tan lejanos para tocar la fibra sensible, la que encuentra en la nostalgia la vía de activación más rápida. “Llegas a casa, dejas la mochila en el suelo, enciendes la consola y juegas al mapa de Hijacked del Black Ops II. Eres feliz” fue uno de los tweets más aclamados del estilo. El pasado domingo, esa sensación cobró vida para muchos, pues se retomaron feelings que parecían no estar enterrados pero sí a una kilométrica distancia. Lo primero, por orden de acontecimientos, lo de después de comer.

Los tifosi son de naturaleza romántica. Son exigentes, sí, pero incondicionales y de irrevocable esperanza. Por ello, todo aquel hincha del Cavallino Rampante -y de la historia automovilística- gozó al ver cómo las dos primeras posiciones del podio del Gran Premio de Baréin se teñían de rojo. De rojo Ferrari. Una odisea en el desierto que parece haberse topado con un oasis, del que quieren hacer un océano en la temporada que acaba de arrancar.

Algo parecido ocurrió en otro deporte, tan pasional o más como la Fórmula 1 y en tesituras que, de no estar calcadas, se parecen bastante. Los seguidores del Barcelona -también románticos en gran medida- no venían atravesando su mejor época (no en cuanto a términos inmediatos, si no levantando un poco la cabeza de la actualidad). La entidad azulgrana le ha tocado ver cómo se descomponía conforme avanzaba el tiempo, llegando a estar sin competir en Champions League, sin Leo Messi y, lo que más duele en Can Barça, sin identidad

Pero alguien dijo una vez eso de “a grandes problemas, grandes soluciones”. Ya debía ser grande la solución que pretendiese sacar Joan Laporta de la chistera teniendo en cuenta la magnitud del drama culé. Pues fíjense, yo pensaba que sería más grande, pero el presidente escogió una opción de 1.70 metros de altura. De nombre Xavier Hernández Creus, y, según las valoraciones generalizadas, a pesar de poder parecer una exquisita elección, se podía sobreentender que era mejor alternativa mantener a Ronald Koeman, Sergi Barjuan o hacer volver al Tata Martino, puestos a superarnos. “Si quiero volver a jugar como antes, pongo al cerebro de ese juego en el banquillo y asunto solucionado, ¿no?” debió pensar Laporta. Pero el fútbol no es tan fácil Joan. Creo. Bueno venga vale, dicho así como lo dices, si lo ves de esa manera, Joan, el fútbol es muy fácil. Llega Xavi y los resultados no se revierten, porque esto no cambia de la noche a la mañana, pero sí de unos meses a otros, y es donde debe residir gran parte del mérito catalán.

Tiempo después de la llegada del de Terrasa al banquillo y aquella presentación en la que míster y ‘presi’ demostraron que no se equivocaron al desechar la carrera de vocalista de una banda de música, nada sigue igual. Dani Alves, Ferrán Torres, Adama Traoré y Pierre-Emerick Aubameyang mediante (y Mateu Alemany durante), el Barcelona se lava la cara. Tras el mercado de invierno, volvió el club blaugrana. Atlético de Madrid, Valencia, Napoli, Athletic Club y Osasuna recibieron 4 goles por parte de los culés. Algún insensato se aventuró a decir que tan solo eran equipos menores (entre ellos, el vigente campeón de LaLiga y uno de los equipos menos goleados de Europa), pero desde el domingo ya se echó el cierre a dicha discusión.

El Real Madrid, líder incontestable de LaLiga Santander y con la histórica remontada ante el Paris Saint-Germain en la retina, recibía al Barcelona en su casa, en el seminuevo Santiago Bernabéu. La clasificación dejaba entrever la más que posible victoria blanca, pero con el cuidado obligatorio que requiere enfrentarse a uno de los conjuntos que mejor fútbol están practicando del mundo en la actualidad, detrás de los gigantes continentales.

Todo eso del juego se evidenció sobre el verde, siendo cuatro los goles encajados. Cuatro y gracias, dijo el madridismo, pues el Barcelona levantó el pie del acelerador a partir del doblete de Auba, quizá para registrar la marca “4 goles” como la huella que dejan los de Xavi allá por donde pasa, algo parecido a lo que ocurría cuando Atila y los Unos pisaban cualquier suelo, que no volvía a crecer la vida en él.

El choque posiblemente provocó las lágrimas de los azulgranas más nostálgicos, viendo como su equipo dominaba al eterno rival con un estilo reconocible de juego, sin estar marcado por la abundancia de balón (a pesar de ello concretaron 695 pases), si no sorprendiendo al Real Madrid en el centro del campo, generando superioridades en cualquier zona del campo para librar una presión que no contó con Karim Benzema, habitual eje sobre el que bascula el esquema, debiendo adoptar ese rol un perdido Luka Modric.

Un recurso que la renacida escuadra está habituando a mostrar es la incorporación de Eric García desde la defensa para formar como un centrocampista más mediante la conducción, potabilizando la salida de balón para superar numérica y cuantitativamente en la sala de máquinas, quedando Ronald Araújo entre la posición central diestro y lateral, fáciles de abarcar para el portento charrúa.

Sin embargo, no quiso explotarlo y prefirió optar por forzar el desconcierto de defensas y mediocentros. Con el juego de "esconder la bolita", los de Xavi (quien se comvirtió en la primera persona en la historia en ganar en el Bernabéu por 4+ goles de diferencia tanto de jugador (2-6, 2009) como de entrenador (0-4, 2022)) supieron avanzar con balón hasta fijar a un defensor para superarlo con regates (cuyo porcentaje de efectividad aumenta exponencialmente en noches como la dominical) o con paredes, dejando a un blanco en la estocada por acción realizada para proseguir de cara a la puerta custodiada por el mejor portero del mundo, aquel que lo demuestra incluso cuando es goleado.

A ello se sumaron las oleadas de centrocampistas que vestían la Senyera, rompiendo líneas para terminar de desesperar a su oponente, plantado sobre el campo con un desfasado planteamiento con la firma de Carlo Ancelotti. Hasta ahora, cuando se hablaba de "falso 9" y El Clásico en una misma conversación se tendía a pensar en cómo Pep Guardiola dinamitó a los cibelinos con la presencia de Cesc Fábregas en dicha posición. A partir de ahora, junto al mencionado recuerdo, se recordará cómo la ausencia de Benzema forzó una concatenación de errores desde el banco que, a pesar de vislumbrarse como interesante en la víspera del duelo, resultó catastrófica. Si a ello le sumas el cortocircuito que sufrió la dupla de seguridad, compuesta por unos sobrepasados David Alaba y Éder Militao, se antoja escasa la goleada encajada.



El Barcelona, que ha completado grandes goleadas a lo largo del presente siglo en el feudo del rival máximo, no vencía en el paseo de la Castellana desde 2018. No sonreía ante el Real desde hace más de 5 enfrentamientos directos. ¿Hace cuanto que no se veía a Gerard Piqué rondando el área merengue en busca del quinto gol que redondee su ansiada manita? ¿Y una unánime sensación de superioridad blaugrana? Incluso algunos descarados aseguran encontrar similitudes entre el segundo tanto de Aubameyang y la clásica finalización de Leo Messi, picando el balón al portero desde dentro del área, ya vista en la capital española, aunque eso ya es osadía en estado puro, para servir de comer a parte.

Con la reminiscencia de tiempos pasados no se pretende decir que el Real Madrid, mejor club del siglo XX, que cuenta con más Copas de Europa que cualquier otro con brutal diferencia y siendo el único en alzar la Champions League de manera consecutiva (siendo tres seguidas y cuatro en cinco años) sea un club mediocre. Ni mucho menos. Pero es curioso que en esos años de gloria incuestionable, los de la ciudad condal disfrutasen de banquetes del mayor calibre en la mesa del eterno enemigo. Por tanto, se puede aplicar aquello de: "llegas a casa, dejas la mochila en el suelo, enciendes la televisión y ves a Ferrari gobernando la Fórmula 1 con puño de hierro y al Barcelona goleando en el Bernabéu con un fútbol de escándalo". Y dejémoslo ahí, porque la conclusión del "eres feliz" del final depende del bando del que se trate. Les aseguro que desde la zona neutral, se disfrutó cuál niño con zapatos nuevos.

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